La Maratón de Nueva York, una razón para vivir

Llegar a la meta de Central Park es el sueño de todos los corredores

Cierro los ojos… Veo Nueva York. Me pasa cada vez que lo hago. Los vuelvo a cerrar. Me imagino corriendo en Central Park. Correr y la Gran Manzana, mis dos grandes pasiones. Ambas me atraparon al mismo tiempo. Una mañana plomiza de Noviembre. El primer domingo del mes, para ser exactos. Como cada año, es el momento para esa gran fiesta llamada Maratón de Nueva York. Hasta entonces, era ajeno a ella. Pero ese día, el 4 de Noviembre de 2007, cambió mi vida. Desde entonces, el running y Nueva York forman parte de ella como elementos catalizadores.

La Junta de Andalucía fue algunas ediciones patrocinadora de la prueba y yo viajé ese año a cubrirla para mi televisión. Siguiendo los consejos del cámara, que era de la ciudad, buscamos la mejor ubicación para captar la esencia de la maratón. En Columbus Circle, a poco menos de un kilómetro de la meta, justo donde los corredores giran para entrar en Central Park, tuve una revelación. Vi gente de todas las edades, de todas las condiciones físicas, de todas las razas… Pero todos tenían un brillo común en sus ojos. Había una llama que prendía dentro de ellos y que les había llevado hasta allí. Unos lloraban emocionados, otros apenas tenían fuerzas para sostenerse de pie, otros gritaban de rabia por lo que estaban a punto de conseguir, alguno levantaba como homenaje el dedo hacia el cielo recordando a algún familiar que se quedó por el camino… Tantas historias diferentes como corredores iban a cruzar la línea de meta.

Pocas cosas en la vida pueden igualar

la emoción de correr una maratón”

Fred Lebow

En total, más de un millón de personas la ha rebasado desde que la Maratón de Nueva York nació allá por 1970. Un millón de motivaciones, de sueños, de ilusiones, de esfuerzos, de lucha… Todo el mundo la quiere correr, es como la meca de las maratones, una especie de lugar al que los runners peregrinamos y a donde tenemos que ir, al menos, una vez en la vida para purificar nuestros pecados y buscar esa especie de santidad que nos haga sentir limpios con nosotros mismos.

Maratón de Nueva YorkEnseguida entendí que yo quería formar parte de eso. No sabía cómo, porque hasta ese momento jamás me había planteado la posibilidad de correr más de 10 minutos. Pero lo vi claro, quería protagonizar una de esas historias. Y sabía que lo iba a conseguir. Un año después, en 2008, llegué a la meta de Central Park. Y, desde entonces, cada primer domingo de Noviembre, en los últimos 10 años, si quieres buscarme, si quieres saber qué estoy haciendo, me puedes encontrar allí.

Cada maratón ha sido diferente pero, conforme va pasando el tiempo, voy recordando las etapas de mi vida en función de con quién la corrí, qué pasó en ese momento concreto, cuáles eran mis aspiraciones… Ya no cuento los años, cuento las Maratones de Nueva York. Y todas han sido especiales: la primera vez, en 2008, la del debut, por los miedos, por no saber cómo responderá tu cuerpo, por la ilusión de hacer algo que jamás has hecho… La segunda en 2009, por quien te acompaña, por los entrenamientos compartidos juntos, por un final feliz que has fantaseado pero que no sabes si podrás culminar… La tercera, la de 2010, cuando ya empiezas a querer más, aspiras a mejorar tus marcas, vas a por todas… La cuarta, 2011, es una prueba de fuego porque intentas superarte, ya eres veterano… La quinta, en 2012, la más diferente por la cancelación del Huracán Sandy, la que corrimos alrededor de Central Park, como hacían los pioneros en los viejos tiempos… La quinta, en 2013, la más divertida, grabándola sin importarme el tiempo, para tener un recuerdo imborrable el resto de mi vida… La sexta, en 2014, rodeado de un montón de amigos a los que mostrarles la Tierra Prometida de la que tantas veces les he hablado… Y la séptima, y la octava, y la novena, y la… Sólo pido tener salud para correr la Maratón de Nueva York cada año. Poder estar bien para calzarme las zapatillas el primer domingo de Noviembre y salir a la calle a celebrar la vida.

Porque la Maratón de Nueva York es eso, es vida: marca mis constantes vitales, mis biorritmos se alteran cuando se aproxima el día y el calendario adquiere una dimensión con esta fecha subrayada en rojo. Todo empieza y acaba aquí, en Central Park. Principio y final. Alfa y omega. Ying y yang. Prólogo y epílogo de mi vida. Nada más cruzar la línea de meta ya estoy pensando en la siguiente Maratón de Nueva York, y eso determina ya todo mi año. Cada día me despierto con esa ilusión, con esa motivación, con esas ganas. Corrí para demostrarme que sí se puede. Corrí por amor. Corrí para superarme. Corrí por solidaridad. Corrí para vivir.

La Maratón de Nueva York es mi gran razón para vivir. Por eso, cuando quiero ilusionarme siempre hago una cosa: cierro los ojos y me imagino corriendo por Central Park.