Martín Fiz: «La Maratón de Nueva York es multiorgásmica»

El corredor español más rápido en la Gran Manzana comparte sus experiencias

De los más de 17.000 corredores españoles que han cruzado la meta de la Maratón de Nueva York, el que más rápido lo ha hecho es Martín Fiz. No se trata de un atleta cualquiera, porque en su currículum hay títulos mundiales y europeos. Pero se le resistió ganar en la Gran Manzana. Bueno, lo hizo unos años después de su retirada como profesional. Aunque eso lo explicaremos un poco más abajo. Antes queremos saber qué le llevó a ponerse un dorsal y estar en la línea de salida del Verrazano Bridge.

  • ¿Por qué has corrido la Maratón de Nueva York?

La he corrido porque, cuando tenía 12 o 13 años, mi profesor de matemáticas (que también era entrenador de atletismo) me metió en la vena eso de correr. Un día me dijo que, si era capaz de dar un número determinado de vueltas al Colegio Nacional Miguel de Unamuno de Vitoria, me llevaría a la Maratón de Nueva York. No paré hasta que, finalmente, como atleta profesional, pude acudir. Lo he hecho como profesional y como amateur, y en ambas lo he vivido intensamente.

  • Después hablaremos de tu participación como amateur. Pero antes quiero detenerme en que eres el corredor español con el mejor crono (en 1999 hizo 2h12’03»). ¿Qué recuerdas de aquel año?

Quería emular a los grandes atletas y ganar allí. Lo di todo, pero esta maratón es atípica en cuanto a circuito porque es sinuoso con bastantes subidas y bajadas. Tuve una lucha encarnizada con los africanos, me dejaron atrás, les volví a recortar. En el último tramo, llegando a la Quinta Avenida, entrando a Central Park, vi que iban pinchando. No quería que acabara la carrera porque sentía que les podía coger. Llegué a meta en noveno lugar con una buena marca. Fui feliz, a pesar de no ganar. Luego me colgué la medalla y por la calle me felicitaba todo el mundo.

  • Igual te hubiera venido bien ese día que la maratón hubiera tenido 45 kilómetros. 

Si hubiera durado un poco más, igual hubiera hecho podium. Porque las diferencias no eran muy grandes. Quizás no ganar, pero sí llegar entre los tres primeros porque iba fuerte e iba rebasando a muchos atletas. Pero es que gestionas tanto tus fuerzas, por el cuidado que debes tener, que al final llegué fresco. Son gajes de las tácticas que hay que asumir.

  • En 1996, que venías de ser campeón del mundo y de Europa, incluso conseguiste un mejor puesto (fue 7º).

A pesar de ofertas económicas superiores de otras carreras, preferí Nueva York. Yo quería ganar allí por tenerlo en mi currículum. Pero llegué bastante «frito» porque ese verano venía de correr la distancia en los Juegos Olímpicos de Atlanta.

Quería ganar en Nueva York para tenerlo en mi currículum.

  • Aunque no hayas ganado la maratón de Nueva York como profesional, sí que lo hiciste como aficionado (en 2015 en Máster 50 con 2h34’33»).

Me hizo bastante ilusión, porque ahí se me abrió la puerta otra vez a luchar por retos grandes como ganar las seis Major. Ahora mis «batallas» están adaptadas a la edad. No trato de ganar a los africanos como entonces, sino a los de mi franja de edad.

Misma persona, diferente maratón

  • ¿Qué diferencias aprecias en la Maratón de Nueva York de cuando eras profesional a cuando eres aficionado?

En los 90’s lo importante para mí era ganar y sólo conocía las 4 paredes del hotel en el que me alojaba, no salí de allí. Pero en 2015, como popular, el sábado salí a andar por la ciudad para conocerla y recorrí 25 kilómetros (medido por GPS). Lo importante entonces no es ganar, sino estar con la familia, visitar los lugares y disfrutar de esta carrera. A pesar de que tiene muchas dificultades, como la hora de levantarte, ir a la salida, la dureza del circuito…

  • Pero, pesar de las dificultades, vamos allí. ¿Qué es lo que tiene?

Para mí la Maratón de Nueva York es la más multiorgásmica del mundo (risas). Corres con mucha gente, a ambos lados de la carretera te animan miles de personas, cuando llegas a meta tratan a todos los corredores como verdaderos campeones. Después todos los neoyorquinos te felicitan por la calle. Además, la magia de esta ciudad. Un corredor no se puede morir sin haberla hecho.